N° 16. Alberto Requena, partitura de un pueblo

 Texto y fotografías: Yurimia Boscán







Cada música es un lenguaje en sí mismo,
una comunión entre los músicos y sus instrumentos.
Constituye la verdadera libertad de expresión
que nace de un reino 
que las palabras no pueden describir…
Es lenguaje del corazón
que libera, encanta, despierta, fascina y embriaga...



Jeque Aly N’Daw





Alberto José Requena Rivera vive en Los Robles, municipio Aguirre, en la isla de Margarita. Su casa no es una casa común. En su interior fluye una energía que se siente brotar de las paredes repletas de carteles que informan a los interesados de horarios, clases y conciertos. 

Los instrumentos orquestales son parte de la decoración, así como una inmensa pizarra verde que simula el pentagrama donde Alberto coloca las notas, símbolos de su entrega y dedicación para con sus estudiantes, quienes se crecen con claves y sonidos que, alegóricamente, descifran el alma de su maestro.

Alberto Requena nació en La Asunción, estado Nueva Esparta, el 23 de febrero de 1943. Allí creció bajo la mirada amorosa de Juana Bautista Estaba y Ricardo Requena, sus padres.
Su madre era de un pueblito llamado Los Hatos, ubicado en el municipio Gómez,  y su padre de La Asunción. Cuenta que se conocieron en uno de los muchos viajes que hizo Juanita a la capital de Nueva Esparta para vender los cortes de tela destinados  a la confección de ropa.
La pareja  procreó tres hijos: Alberto, Nélida y Carmencita, quienes crecieron en un ambiente humilde, pero de sólidos principios morales. 

Alberto recuerda que desde los 8 años debió trabajar en los más diversos oficios, pues su padre, que era frutero, se lesionó el cuello tras caer de una mata de coco.

El accidente del padre, selló para Alberto la posibilidad de disfrutar una infancia común. A pesar de su corta edad, aquel niño trigueñito de sonrisa clara, asumió el compromiso de ayudar a su madre en el sustento del hogar.
Sin importar cuánto tiempo ha pasado desde aquellos días de trabajo y sacrificio, Alberto mantiene indemne el legado que su padre le ofrendó a través del ejemplo de una vida repleta de solidaridad, ya que en la casa de los Requena era ley de vida no negarle nada a nadie
La voz del maestro Alberto se quiebra ante el recuerdo. En sus ojos resplandece la satisfacción por aquel pequeñín que recogía leña para una panadería, a cambio de 10 bolívares mensuales y dos sacos de harina vacíos, con los que su madre le cosía la ropa. No había lugar para quejas, solo agradecimiento a Dios por aquella bendición.
Alberto señala que Juana Bautista remojaba los sacos y le confeccionaba camisas manga larga y pantalones largos a la medida de su responsabilidad, pues a diferencia de otros niños de su edad, Alberto recalca que él jamás usó pantalones cortos. Sonriente nos dice que en una de sus piernas se podía leer Gold Medal, mientras que en el brazo, las letras dejaban ver el nombre de Gran Aguante, que era como se llamaba la harina.
Con esa indumentaria, Alberto acudía a la escuela. Las burlas de sus compañeritos no pudieron corromper el orgullo de aquel niño que sabía que las prendas que vestía estaban cosidas con los hilos irrompibles del más puro amor. 
Su madre, una humilde hacedora de alpargatas, mapires y sombreros, le había traspasado sus más hermosos dones: el respeto por el prójimo, su fe religiosa y el compromiso irrestricto ante la palabra dada.

Requena cuenta que como no había radio en su casa, los únicos contactos con la música tenían lugar cuando la banda tocaba en la plaza de La Asunción.  Recuerda que desde muy pequeño se quedaba extasiado con el sonido de las notas. 
Su mirada embelesada llamó la atención del bajista de la agrupación, José Genaro Marcano, “Cheíto”, quien le dio tres reales para que se comprara unas alpargatas nuevas y le pidió que lo ayudara en la peña, especie de conuco de piñas ubicado en El Copey, donde Alberto recogía los frutos a cambio de real y medio. Ante la responsabilidad demostrada por el pequeño, Cheíto lo comisionó de alimentar las gallinas y aumentó su paga a tres bolívares, los cuales, según el maestro Requena, eran un dineral para la época.  

Requena cuenta que en una oportunidad Cheíto enseñaba música a su hijo Mario y de pronto, se percató de su presencia. 

Viendo su interés, le preguntó si quería aprender. Como respuesta, recibió un sonoro Sí Mayor que auguraba pasión y dedicación, por lo que el maestro no escatimó en su empeño de hacer de aquel pequeño, un gran músico. Visiblemente emocionado, expresa su profundo agradecimiento para con su amigo y maestro Cheíto Marcano, sin cuya ayuda no habría podido ser lo que hoy en día es: un músico enamorado de su oficio.
Al tiempo, pasó a manos del director de la banda, Augusto Fermín, quien se convirtió en su tutor para la ejecución del corno, y ya a los doce años, era el miembro más joven de la banda del estado Nueva Esparta.
Lleno de emoción Alberto recuerda que a sus 18 años acudió a Los Robles a tocar en un concierto, y fue allí, donde el maestro Augusto Fermín, de manera emblemática bajo la Ceiba del pueblo, le entregó su nombramiento como cornista de la agrupación musical.
Rememora una anécdota de aquel momento, cuando fue abordado por un señor que luego de preguntarle si era el miembro más joven de la banda, le pidió que lo esperara un momentito.
El hombre regresó con una revista llamada Margariteñerías, la cual traía insertas algunas partituras. Al verla, Requena se puso a interpretar la línea melódica de una canción, y de inmediato las personas lo rodearon para escucharlo. Al terminar, el hombre le confesó que tenía años con la revista sin saber lo que contenía.
Al regresar a su casa, Alberto contó a su madre lo ocurrido asombrado ante la respuesta del público. Ese mismo día le juró que en el pueblo donde le tocase vivir, él enseñaría música a quienes quisieran aprender y los ayudaría a conseguir los instrumentos. Y así lo hizo.
Quiso la causalidad que el pueblo de Los Robles, que inspiró la promesa del joven cornista llamado Alberto Requena, lo recibiera como hijo 5 años después, cuando se enamora y se casa con una bella maestra del lugar llamada Ana Navarro.
  
La pareja se establece en la zona, donde trae al mundo a 4 hijos: José Alberto, el mayor, quien es clarinetista, y está residenciado en Londres desde hace años; las muchachas Ana Cecilia, quien toca el saxo y el cello, y su hermana Belkys, quien se inclinó por la flauta. Ambas ayudan a su padre en la formación de los estudiantes; y por ultimo, Alberto José “Cheché” quien es un destacado clarinetista, que vive en Caracas.
En su residencia, llamada Nazareno, ubicada en una esquina al final de la avenida 4 de mayo, 
Alberto realiza una loable labor “a la calladita”, como él mismo dice, pues fiel a su palabra, en su casa funciona el Centro de Educación Musical Musicandi.


Musicandi atiende a 110 alumnos, quienes, además de recibir la preparación académica necesaria, integran una banda, una estudiantina y un grupo coral de voces mixtas. 
Recuerda que su iniciativa comenzó con 5 niños; sin embargo, la matrícula se multiplicó de manera vertiginosa, convirtiéndose en una referencia para propios y extraños.  La  escuelita atrajo estudiantes de todas partes y de todas las edades.
En Musicandi los asistentes cuentan con profesores pagados gracias a un pequeño aporte que hace la municipalidad. Además, los alumnos reciben el instrumento y las partituras necesarias para los ensayos y conciertos, gracias al esfuerzo del maestro Requena y su esposa Ana Navarro, quien una vez jubilada, se entregó en cuerpo y alma a respaldar la iniciativa del hombre que ha sido su compañero durante 48 años.
La pareja, en una suerte de confesa complicidad, abre cada día las puertas de su hogar para darle paso a la vitalidad de los niños.
Alberto enseña con orgullo la fotocopiadora, las partituras, el cuarto para atriles e instrumentos, el termo con hielo y agua bien fría, y los ventiladores, alegando que todo está a punto cuando llegan los muchachos y la casa comienza a estremecerse con las notas musicales, transportadas por la fresca brisa del patio, donde muchas veces los violines se cobijan a la sombra de la mata de mango.

Entre sus discípulos cuenta a músicos de la talla de Luis José Ávila Aguilera, Pedro Ávila y Jesús Alberto Guerra, lamentablemente ya fallecidos; a  José Concepción Ramos y Eugenio Blanco, hoy subdirector de la banda; a sus 4 hijos, todos extraordinarios músicos, y destacados alumnos, como José Gregorio Ramos, quien actualmente integra la Orquesta Típica Margariteña, dirigida por el maestro Alberto Valderrama Patiño.

Requena ha compuesto más de 200 temas, entre merengues, danzas, boleros, pasodobles, aguinaldos, himnos y diversiones, donde recoge la idiosincrasia del roblero y el alma margariteña.
Se integra con sus creaciones a las celebraciones culturales y religiosas del estado neoespartano en honor a la Virgen del Valle, patrona de la isla, y las festividades organizadas para rendir homenaje a la Virgen del Pilar, patrona de Los Robles.
Sus temas han sido interpretados y grabados por gran cantidad de músicos.
Algunas de sus piezas más representativas están recogidas en el disco Canto a mi pueblo, donde Requena deja constancia de su alma de poeta, deleitándonos con bellas composiciones, entre las que destaca un bolero titulado Imposible, escrito y dedicado a su esposa Ana.

Recientemente, el maestro Requena fue ovacionado durante un acto público, donde la comunidad en pleno exigió a las autoridades colocar su nombre a la Escuela de Música inaugurada en Los Robles.

Con merecido orgullo, relata que la semana Santa del año 2013 se vestirá de gala en Los Robles para recibir el estreno de una magna obra sacra que pone en partitura el vía crucis de Jesús…
Los jóvenes ensayan incansablemente, pues saben que el maestro cuenta con ellos para homenajear al Santísimo y se suman felices a consolidar la ofrenda…
 Nos despedimos de este programa con el gusto de saber que cada vez que un cuatro vibra, Requena saca una nota que plasma sobre su pueblo, en medio de ese maravilloso pentagrama que los contiene a él y a su esposa Ana, ejemplos de luz en la azulísima tierra de las perlas.




















































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